jueves, 10 de julio de 2008

Braulio said: “tomá vos ...”




Limón y sal – El bar mojaba los labios de los pasajeros solitarios y de las damas del ajedrez nocturno. . Lágrimas de puro alcohol finamente destilado entraban en la sangre y en su muerte repentina estaba el nacer de labios saciados de camino…
Él y yo estábamos ahí, sumergidos en la porción de mundo elegido para esa noche. Lo suficiente para respirar y sentir el tibio aliento que podría tornarse molesto con el paso de las horas.
El y yo éramos el reflejo de la nada que se prolonga en las botellas vacías del amanecer. Nada nos debíamos y nada (o casi nada…), nos pedíamos el uno al otro. Así manteníamos el pacto de silencio tácitamente convenido para participar de los ritos saturninos.
El no era yo pero estábamos de acuerdo en algunos puntos mas allá del dogma de fin de semana: el bar, la bebida, el tamaño del surco y los tajos (si, tajos), recorridos. La herida de la noche era el alma de nuestro encuentro. En su cicatriz urbana nos escondíamos de las miserias diarias que invisiblemente nos unían. Yo adoraba las cosas, el las esencias y sin embargo ahí estábamos atados de las muñecas por una soga de delirios.
A alguna hora de la noche, nos entregamos al exceso dejando de lado el placer que ya no vuelve más. Como marionetas de otro juego -uno ilegal- bailábamos al compás de la ruptura. El nunca mira para abajo y yo jamás le hable de abismos, me parece un tanto perturbador decirle a alguien que se puede morir en cualquier momento. Be happy, boy. Claro, al costado del camino se vive mejor es decir se hace camino al andar. Tal vez esto nos conduzca a nuestros destinos… pero como saber ahora cuales son.

miércoles, 9 de julio de 2008

¿Por qué porque?




Me sobran los motivos... estampados, lisos, con textura, de plástico, etc... eso motivó el desatino de escribir. Un total despropósito ante una urgencia egoísta. Horroris vacuis. El mono ejecuta el viejo arte de llenar los vacíos con algo, con la excusa que sea. en este caso, la escritura.

Nadie puede explicar nada. O si. Al decir lo que digo ya estoy desautorizado para cualquier opinión. Pero sigo adelante. Avanzo, progreso, no me detengo ante nada, ni nadie. Mi objetivo es llenar el vacío, lo blanco que produce el pánico simiesco. La trascendencia. El quedar aunque sea suspendido de algún byte en el ciberespacio como corolario de mi ridícula existencia. Me río, me nado y nada. Trillado, digo. Enciendo un cigarrillo. Pienso en la existencia. ¿El ser? Y... la nada, pero nunca llega a ninguna orilla. Será que no la hay. Me duele pensarlo. Chupo el cigarrillo.

La validez de las cosas se expresa en palabras. Las palabras son signos que representan lo que queremos colectivamente. Un acuerdo pretérito. Yo no lo firme pero estoy obligado a hacerme entender, diferenciarme del primer mono. Acuso recibo mientras guturo un bostezo. ¿Vale algo lo que acá se lee? Si tan solo me alcanzara para un especial de jamón y queso la vida no seria lo que es. Aun no se que es la vida pero esta bueno decir cosas importantes. Por eso de la trascendencia.

El silencio que despreciamos (le quitamos el código de barras), es el salto al vacío para entender un poquito algo. De gondola en gondola naufragamos en el ruido, en las palabras, en las cosas sin llegar a comprender(nos). No habría problema si disfrutáramos del desconcierto. Pero medio ahogados, seguimos hablando o en este caso escribiendo. Para no que no diga empty y padecer en nombre de algún dios o multinacional. Amén.

Por eso la pregunta: ¿nadadan? nilo se...